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En muchas ocasiones, en el mundo de los negocios triunfa el más innovador y, a veces, el que tiene la idea más obvia. El mundo empresarial precisa mentes abiertas que no tengan miedo a ofrecer lo que la gente quiere, aunque suene disparatado.

Eso fue lo que les ocurrió a los suecos Mikael Soderlindh y Viktor Tell tras una tarde de resaca en abril de 2008. Los dos pasaban por un momento de desilusión con sus carreras profesionales y, ese día, sentados en la cocina, Viktor lanzó una idea a su amigo: Crear una marca que solo hiciera calcetines coloridos y vitalistas. Podrían llamarlos Happy Socks.

Soderlindh, un hombre de números que tiempo atrás había vendido una agencia de publicidad que él mismo había fundado, se dirigió hacia su ordenador y empezó a hacer cuentas:  “Hay unos 1.000 millones de personas en Occidente. A mucha gente le gustan los calcetines llamativos y a nosotros también. Si llegas a una pequeña parte de esa población, puedes vender muchísimos calcetines”.

En tres semanas montaron la empresa, nombraron un consejo de administración formado por un abogado de primera, un experto en temas administrativos e impositivos, una persona que venía del mundo del desarrollo de videojuegos e internet y un emprendedor loco. A cada uno de ellos le dieron un 5% de la sociedad.

Tell, de profesión diseñador gráfico e ilustrador, empezó a hacer diseños hasta quedarse con un centenar de modelos. Soderlindh se ocupó de contactar con fábricas en todo el mundo. Solo les respondió una empresa familiar en Turquía que aceptó trabajar con ellos. Con algunos ahorros que tenían hicieron una orden de 60.000 calcetines, equivalente a 100 diseños en 3 tallas y un mínimo de 200 pares por cada una.

Llegado agosto, el duo sueco tenía decenas de miles de calcetines que vender y una visión muy clara de cómo hacerlo. Contactaron  con las mejores tiendas de todo el mundo. En poco más de 12 meses ya estaban en 30 países y habían recuperado la inversión inicial.

Su pasión por los calcetines chillones y poco discretos no solo se ha visto correspondida llegando a vender más de 10 millones de pares en un año en más de 50 países. Una hazaña que han logrado sin tener que buscar financiación exterior de inversores y empresas de capital riesgo que pudieran amenazar su control creativo y operativo en la empresa.

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