Los adictos al trabajo son personas incapaces de disfrutar el ocio y con una necesidad imperiosa de ser productivos en todo momento. El perfil de un adicto al trabajo normalmente se corresponde con un varón, de clase media, que vive en la ciudad y tiene entre 40 y 50 años. Entre las principales profesiones con mayor número de adictos al trabajo se encuentran los médicos, abogados, periodistas y los ejecutivos de grandes multinacionales.

En algunos países estas personas son conocidas como workaholics (trabajólicos), un término acuñado en 1971 por el psicólogo estadounidense Wayne Oates en un libro en el que hacía referencia a su propia adicción al trabajo, en una analogía con la dependencia del alcohol. Aunque la psiquiatría no lo reconoce como un trastorno mental, los expertos coinciden en que el fenómeno existe y que, en la actualidad, el temor a perder el empleo y las nuevas tecnologías son factores que agravan el problema.

Un estudio de la Universidad de Kansas (Estados Unidos) descubrió una correlación entre los workaholics y un menor bienestar físico y mental, asociado a una mala alimentación y a la depresión. La investigación, realizada a partir de una encuesta de más de 12.000 personas, clasificaba como adictas al trabajo a aquellas que trabajan más de 50 horas semanales.

¿Qué se puede hacer para tratar este trastorno?

En primer lugar hay que tener claro que el objetivo es tratar la obsesión concienciando a esa persona que debe disfrutar de su tiempo de ocio sin sentirse culpable o tener sensación de pérdida de tiempo. La jornada laboral dura ocho horas y el resto del tiempo debe ser para descansar o disfrutar de familia, amigos o hobbies.

Para ello, el tratamiento psicológico que se muestra más eficaz para abordar este problema es la terapia cognitiva-conductual. Este tipo de terapia ayuda al paciente a gestionar y obtener un nivel de autocontrol mayor en su trabajo. Al mismo tiempo, le enseña a llenar sus tiempos fuera de su profesión permitiéndole disfrutar de ellos.

Finalmente, este tipo de terapias entrenan al paciente en aquellos déficits que pueden aparecer en el origen del problema. Así por ejemplo, aquellas personas que no saben delegar tareas o decir que no deberán aprender habilidades para mostrar una conducta asertiva. En otros casos, los estilos de pensamiento inadecuados pueden subyacer al origen del problema. Este tipo de pacientes requerirá un entrenamiento en técnicas cognitivas que le enseñará a tener patrones de pensamiento más adaptativos, así como en técnicas conductuales dirigidas a reducir su nivel de autoexigencia.

Y tú, ¿sabes disfrutar de tu tiempo libre?

 

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